Las bolas de pelo no son "normales y ya": son pelo que el gato traga al acicalarse. El cepillado regular es la forma más efectiva de evitarlas. Te explicamos cómo y cuándo preocuparte.
Casi todo dueño de gato ha oído ese sonido inconfundible: el gato que tose y arquea el cuerpo hasta expulsar una bola de pelo. Se asume que es algo normal e inevitable, pero en realidad es pelo que el gato traga al acicalarse, y hay mucho que se puede hacer para que ocurra lo menos posible.
El gato se limpia con la lengua, que tiene unas púas diminutas que arrastran el pelo suelto hacia la garganta y lo traga. La mayoría pasa por el sistema digestivo sin problema, pero parte se acumula en el estómago y forma una bola (tricobezoar) que el gato vomita. Los gatos de pelo largo y los que sueltan mucho pelo son los más propensos.
La lógica es simple: el pelo que tú retiras con el cepillo es pelo que el gato no se traga. Un cepillado regular —diario en gatos de pelo largo, varias veces por semana en los de pelo corto, y más durante las mudas— reduce drásticamente la cantidad de pelo que llega a su estómago. Es, de lejos, la medida más efectiva y la que está en tus manos.
Una bola de pelo ocasional es esperable; un patrón frecuente, no. Si tu gato hace arcadas repetidas sin expulsar nada, deja de comer, está apático, estreñido o vomita líquido, acude al veterinario: una bola de pelo grande puede causar una obstrucción intestinal que es una urgencia. El acicalado excesivo (que aumenta las bolas) también puede ser señal de estrés o picazón que conviene revisar.