Los gatos de pelo largo necesitan una rutina que el dueño debe dominar. Te damos el paso a paso para el Persa, el Maine Coon y similares, con las zonas críticas que siempre se enredan.
Razas como el Persa, el Maine Coon, el Angora o el Ragdoll tienen un manto largo y denso espectacular, pero que se enreda con facilidad. A diferencia de un gato de pelo corto, estos no pueden mantenerse solos con su acicalado: necesitan que el dueño tome el cepillo de forma constante. La buena noticia es que con una rutina sencilla se evita el 90% de los problemas.
Lo ideal en estos mantos es cepillar a diario, aunque sean unos minutos. Saltarse varios días permite que se formen nudos que luego cuesta mucho más abrir. Es mejor poco y seguido que una sesión larga una vez por semana, tanto para el manto como para la paciencia del gato.
Concéntrate en los puntos críticos, que son los mismos en casi todos los gatos de pelo largo: detrás de las orejas, las axilas, el pecho y el cuello, los "pantalones" de las patas traseras, la barriga y la zona bajo la cola. Son las áreas que el gato alcanza peor y donde el roce forma nudos primero. Revísalas con el peine en cada sesión.
El Persa, además del cepillado, necesita limpieza diaria del lagrimal por su cara plana (las manchas de lágrima se acumulan) y a menudo un recorte sanitario de la zona trasera por higiene. El Maine Coon enreda algo menos que el Persa, pero su enorme volumen y su subpelo denso exigen un peinado a fondo, sobre todo en época de muda. En todos, un baño ocasional con champú felino ayuda, siempre desenredando antes y secando muy bien.