Persa, Maine Coon, Angora: su pelo largo forma nudos pegados a la piel con facilidad. Te explicamos cómo desenredarlos con seguridad y, sobre todo, cuándo NO debes intentarlo en casa.
Los gatos de pelo largo como el Persa, el Maine Coon o el Angora forman nudos con mucha facilidad, sobre todo en las axilas, detrás de las orejas, en la zona del cuello y bajo la cola. A diferencia del perro, el gato se acicala solo, pero cuando el manto es muy largo —o el gato es mayor, con sobrepeso o tiene molestias— deja de alcanzar ciertas zonas y los nudos se cierran contra la piel. Desenredarlos mal puede lastimarlo seriamente.
La piel del gato es mucho más fina y frágil que la del perro, y bajo un nudo cerrado suele estar pegada al pelo. Por eso la advertencia más importante es esta: nunca cortes un nudo con tijera. Es extremadamente fácil pellizcar la piel sin verla y provocar un corte que requiere puntos. La mayoría de las heridas de grooming felino casero ocurren así. Si un nudo no sale con peine y dedos, no se corta: se rapa con maquinilla (lo hace un profesional) o se deja para el veterinario.
Si el gato tiene el manto apelmazado —placas de nudos extendidas, pegadas a la piel, que no ceden— no es un trabajo de casa. Ese apelmazado tira de la piel constantemente, causa dolor y puede ocultar heridas, parásitos o irritación debajo. La solución profesional es rapar por debajo del apelmazado con maquinilla y cuchilla adecuada, algo que un peluquero felino o el veterinario hacen de forma segura, a veces con sedación si el gato lo requiere. No es un fracaso del dueño: es lo correcto para el bienestar del animal.
Un gato de pelo largo necesita cepillado frecuente, idealmente a diario o cada dos días, aunque sean dos minutos. Acostúmbralo desde joven y asócialo con algo agradable (caricias, premio). El cepillado constante no solo evita los nudos: reduce las bolas de pelo que traga al acicalarse y te permite revisar su piel. Cinco minutos de cepillo al día evitan la mayoría de las visitas de urgencia por apelmazado.