El "corte león" se puso de moda, pero rapar a un gato no es una decisión estética inofensiva. Te explicamos los casos en que sí está justificado y por qué la mayoría de las veces no.
El lion cut o "corte león" consiste en rapar el cuerpo del gato dejando la melena del cuello, unas "botas" de pelo en las patas y un pompón en la punta de la cola. Se ve simpático en fotos y por eso se volvió popular, pero rapar a un gato no es un capricho estético sin consecuencias: tiene casos en que ayuda y casos en que hace daño. La diferencia importa.
El lion cut es una herramienta de bienestar, no de moda, y se justifica en situaciones concretas:
Rapar a un gato sano solo "para que pase menos calor" o porque se ve gracioso es un error. El pelo del gato regula su temperatura y protege su piel del sol; rapar elimina esa protección y expone la piel a quemaduras. Además, en algunos gatos el manto crece desigual o cambia de textura tras el rapado, y el procedimiento en sí estresa mucho al animal. Si el gato puede mantenerse con cepillado, el cepillado siempre es mejor que la maquinilla.
Nunca con tijera en casa: la piel del gato es finísima y se corta con una facilidad alarmante. El lion cut lo hace un peluquero felino con experiencia o el veterinario, con maquinilla y técnica adecuada, y en gatos muy nerviosos a veces se requiere sedación veterinaria para hacerlo sin riesgo. Si decides hacerlo, que sea por una razón real y en manos profesionales.