Vaciar las glándulas anales en cada baño se volvió rutina en muchos salones, pero hacerlo sin necesidad puede causar más problemas de los que evita. Esto es lo que dice la evidencia.
Las glándulas anales (o sacos anales) son dos pequeñas bolsas a los lados del ano del perro que guardan un líquido de olor fuerte, usado para marcar. En condiciones normales se vacían solas cada vez que el perro defeca, gracias a la presión de las heces firmes. El problema es que en muchos salones se volvió costumbre exprimirlas "por si acaso" en cada baño, y la evidencia veterinaria actual advierte que eso puede hacer más mal que bien.
Cuando se exprimen glándulas que están funcionando bien, se interfiere con un proceso natural. La manipulación repetida e innecesaria puede inflamar e irritar la zona, provocar hinchazón y, según muchos veterinarios, generar una especie de dependencia: glándulas que antes se vaciaban solas dejan de hacerlo porque se acostumbran a la asistencia manual. Es decir, el "mantenimiento preventivo" puede crear justo el problema que decía prevenir.
Las glándulas solo deben vaciarse cuando el perro muestra síntomas de que no lo está logrando por su cuenta. Busca estas señales:
Si tu perro no presenta ninguna de estas señales, lo más probable es que sus glándulas estén funcionando perfectamente y no haya que tocarlas.
Vaciar las glándulas anales no es un servicio de peluquería, es un procedimiento veterinario, y así lo manejamos. El groomer está en una posición ideal para detectar las señales —porque manipula esa zona en cada baño— y su trabajo correcto es avisarte y remitirte al veterinario, no exprimir las glándulas. El veterinario puede hacerlo por vía interna (con un dedo enguantado, revisando el saco completo) y, sobre todo, descartar una infección, un absceso o, en perros mayores, un tumor: causas que un vaciado externo "a ciegas" no detecta ni resuelve, y que incluso puede empeorar. Si alguien te ofrece vaciarlas de rutina en cada baño, desconfía: el cuidado responsable es derivar al profesional indicado.
Una de las razones más frecuentes de glándulas que no se vacían solas son las heces demasiado blandas, que no hacen suficiente presión al pasar. Mejorar la firmeza de las heces con una dieta adecuada y suficiente fibra suele reducir o eliminar el problema de raíz. El sobrepeso también influye, porque la grasa alrededor del ano dificulta el vaciado natural. Atender la dieta y el peso resuelve más casos que cualquier vaciado de rutina.
En resumen: las glándulas anales no son parte del baño ni las toca el groomer. Si tu perro está bien, se dejan en paz; si da señales, se remite al veterinario, que es quien debe revisarlas y vaciarlas. Vaciar "por si acaso" en la peluquería no es un cuidado preventivo, es un riesgo innecesario.